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  STAN de Natalia Kerikian



Soy Uruguaya, vivo en Montevideo, soy nacida en la República Oriental del Uruguay.
Tengo 23 años y nací el 2 setiembre de 1979.
Soy Profesora de Historia egresada del Instituto Profesores Artigas (IPA) de Montevideo.
Actualmente trabajo como docente en enseñanza secundaria en el sector público.

INTRODUCCIÓN.

El siguiente es un relato de la vida real de una persona que participó en el ejército inglés durante la segunda guerra mundial.
Estos datos fueron adquiridos por medio de dos entrevistas hechas al protagonista, entre setiembre y octubre del año 2001.
El relato omite nombres reales por respeto a la persona de la que hablamos, del mismo modo que omitimos su identidad.
Como es propio de la narrativa, hay parte de creatividad del autor que sirve para darle coherencia y armonía del relato.

STAN 207.

Cuando comenzamos a caminar eran casi las cuatro de la mañana. Una noche mas sin dormir. Nos habíamos acostado a las 24:00 horas, pero vestidos, con las botas puestas y el arma en la mano. Como siempre pasa, cuando nos dieron la orden, nos levantamos. Esa noche había menos ruido que otras veces, aunque el terror que se había apoderado de mi, era tan fuerte, que todos los momentos se volvían igual de peligrosos. Una y otra vez durante la travesía, me pregunté si volvería a ver a mi madre. Me sentía cansado, hacía tres días que no comía y creo que ya había perdido mas de la mitad de mi peso habitual. Hacía frío. Aquí, en el Sahara, los días se presentan casi imposibles de vivir. La medida de agua que nos dan en las mañanas no es suficiente como para saciar la sed de un día. Siempre necesito usarla para lavarme el cuerpo.
Me arrepiento de haber dejado los zapatos que tenía en el último paraje que hicimos. En general siempre dejamos todo lo que nos pesa como para caminar; latas de comida, ropa, zapatos, y demás pertrechos. Es sorprendente ver cómo la gente de la zona espera que nos vayamos para lanzarse en la búsqueda de comida y objetos que les puedan servir.
Habíamos caminado unos 20 kilómetros, cuando me di cuenta que habíamos retrocedido otra vez. En realidad nunca sabemos a dónde vamos, ni cuánto tiempo nos vamos a quedar en cada lugar, y por supuesto tampoco arriesgamos nuestras vidas preguntando.
Me siento cansado, ya no se diferencia mi ropa de mi piel. Siento una picazón constante que por momentos se vuelve insostenible. Me he acostumbrado a estar sin bañarme, me he acostumbrado a no dormir en paz... Paz!, sí, paz!!, dulce palabra, de la que he olvidado su significado. Es un estado del cuerpo que desde hace tres años no he vuelto a experimentar. Recuerdo en mi mente la misa del domingo, otra vez el mismo tema.. la fe, el valor, el convencimiento de que estamos a favor del bien, de la libertad del mundo... sé que peleamos por una causa justa, y es la confianza en Dios, y en que algún día esto va a terminar, lo que me sostiene.
Siento odio, siento angustia, no sé quién soy, a quién pertenezco, que función cumplo...sí, esto sí lo sé...debo obedecer!!, el soldado alemán obedece.. el soldado inglés es metódico. Sé que ganaremos, lo dice Churchill. Ese es un hombre sabio. Nos ha ordenado racionar el uso de la gasolina, porque sabemos que la gasolina ganará esta guerra.
Nuevamente nos instalamos. Deposité mi arma por un momento en el suelo, mientras acomodaba mi saco de dormir. Hoy será el primer día sin mi mejor amigo. Sus últimas palabras antes de levantar campamento fueron: "Hasta siempre Stan".. y luego de haber sonreído entendí que en la guerra siempre se pierde. Rescaté su placa con el número que le correspondía, del mismo modo en que conservamos las de todos los cuerpos que dejamos por el camino. Es el modo que tenemos de identificarlos y de avisar a sus familiares.
Fue bueno cambiarnos, hacía semanas que estábamos en el mismo lugar y el olor que se había extendido por el ambiente, ya había causado muchas náuseas y mareos en el grupo. Cuanto mas calor, peor es para las bajas.

De repente ....
Sirenas!!!, están sonando las sirenas!!, ¿dónde están mis botas?, ¿el arma?!!!, no me puedo levantar...son muchos aviones, es muy fuerte el sonido!!!.....auxilio!!!...Stan!, Stan!!...
Nuca había corrido tanto como hasta entonces, en cada paso fui salvando mi vida, porque mi velocidad fue mejor que las de las bombas que cayeron a mi alrededor. Cuando me volví, me encontré solo, había corrido tanto, estaba tan cansado, me sentía mas a salvo, pero estaba solo, separado del grupo pero entonces caí al suelo....

No sé si lo soñé o pasó en realidad. No sé qué día era, pero no sentía ruidos.. Estaba en el hospital. Nunca resultó ser tan bello ese lugar. Era el mas seguro que teníamos. "Estoy vivo?"- pregunté mientras veía a una muchacha vestida de blanco a mi lado- ... "sí, pero con una herida en el abdomen..." - me contestó la enfermera, mientras me curaba. Estuve allí mas de una semana, el licor que me guardé cada mañana en el campamento, me sirvió para que el médico me permitiera quedarme mas tiempo.
Mientras me recuperaba, aprendí a tejer. Nunca supe qué compañeros míos en el norte de Europa utilizaron las prendas que les tejí. Las noches que pasé allí fueron las que dormí realmente, porque tenía la certeza que al día siguiente estaría vivo. Que ironía no?, pero fue el único lugar en el que fui feliz en esos 4 años.

Una vez de vuelta en el campamento, vi a mi amigo Frank totalmente loco. Me siento realmente triste, esto es horrible, espantoso, pensé. No sé cuánto mas podré vivir así. Frank se despierta en las noches, canta, se ríe, habla solo, grita, al punto que a veces siento ganas de matarlo... Tengo miedo de que un día me encuentre realmente lejos de mi mismo y algo así ocurra. Me preocupo demasiado de no perder mi cordura, no quiero enloquecer.. Mi familia ya no sabe que aún vivo y no sé que haré cuando vuelva a Siria. Yo nunca pensé que esto sería así, y tengo apenas 18?, no 19!, qué día es hoy?.... 1º de octubre.
Hoy es mi cumpleaños, hubiese preferido que nunca llegara.
Otro año más así? Hasta cuando Dios mío?!. He pasado así cuatro años ya, y creo que nunca mas volveré a estar vivo. Qué pensara mi madre hoy?.. cómo la extraño, desearía verla...
Stan!... (me llama el capitán Wittny Stwart, es muy bueno)...
Me llamó para hacer algún mandado. Tengo a mi "chica", Tamara. Es una camioneta que tenemos aquí, en el campamento. Es de todos, pero mía, un poco más, porque yo le pinté el nombre, aparte soy el único mecánico y solamente yo puedo entenderla. Nadie la puede manejar como yo, ni cuidarla como yo. Aparte es Chevrolete, es fuerte. También tengo una moto, la usamos para llevar y traer correo. Menos mal que saqué el permiso de conducir antes de venir.

Soy muy infeliz, he llegado a hacer cosas de las que nunca me creí capaz. No puedo borrar de mi mente la imagen misma de ese alemán, era tan joven, era como yo, fue tan rápido, el me miró, yo a él, y no tuve opción, o él o yo.
Es la juventud mas desgraciada que he podido vivir. Recuerdo las historias de mis padres, sus exilios, sus idas y venidas para escaparse de los turcos...y qué es lo que estoy viviendo yo?. Temo enloquecer. No dejo de escuchar ruidos y gritos en las noches.. Ayer se despertó el oficial Smith riéndose, nos despertó a todos... hoy de mañana estaba llorando.. no quiero vivir más... estoy desesperado... pienso muchas veces en quitarme la vida, tengo el arma a mi lado... pero sé que mi madre me espera. Ella necesita que yo vuelva. Y sé que Dios me va a salvar de esto porque ella sin duda reza por mi todas las noches.
Nada se compara a la serenidad que disfruto cuando mi superior, el sargento Stwart, toca su armónica que le regaló su esposa, y que él mandó traer de Inglaterra.
No sé cuándo saldremos al combate. En realidad no sé nada, solo sé que debo obedecer.
Sirenas!!, salimos!!...corren, corren, nos llaman, nos formamos....
Están disparando!!!, Stan!!, "son alemanes", - me avisa un soldado-.
En posición!. A formarse!, (dijo uno de los sargentos). Hicimos la fila... Éramos 16, faltaban dos para que llegara al frente yo. Sabía que si llegaba moriría, porque así les fue pasando a uno cada vez. De repente, el antepenúltimo a mi tomó su arma, miró al sargento, y le dijo: "Sube tú.. nosotros ya hemos muerto muchos, ahora te toca a ti..." y apuntándole lo obligó a hacerlo. Pero ante la negativa, el sargento perdió su vida.
Una vez mas me salvó Dios, gracias a mi amigo Mike. Ese día abandonamos este mundo muchos de nosotros...pero yo, me salvé.

Despertamos, y era un día normal. Sabíamos que no faltaba mucho. Mussolini había muerto, nuestros compañeros habían avanzando por Francia, desde el desembarco en Normandía. Sabíamos que Hitler se había equivocado, sabíamos que no faltaba mucho, sabíamos que ganábamos, que habíamos logrado liberar Europa. Sabíamos, que volveríamos a nuestras casas, supe por radio que Alemania se había rendido, mis superiores nos llamaron y así lo corroboraron, fue la noticia mas agradable de mi vida, sentía que podía sonreír, que podía respirar libremente. Lo primero que hicimos fue abrazarnos, nos reímos, parecíamos niños. Es muy difícil explicar con palabras el sentimiento tan fuerte que había en mi corazón. Sin duda fue el día mas feliz de mi vida. Fue como volver a soñar, y sobre todo saber que no estaba loco, que sabía mi nombre y que lo volvería a usar. Sabía que nunca mas iba a estar en ese lugar y que la guerra es lo peor que puede haber en la vida de una persona. No me importaba cuan difícil podría ser volver al mundo normal, de la gente que vive tranquila y que trabaja lejos de la muerte, lo importante era saber que estaba vivo.
Solo un soldado que vivió lo que yo viví pude saber lo que realmente es una guerra, y el valor que tiene la vida....
En esos años baje cuarenta kilos, pasé días sin comer y años sin sentirme satisfecho. Agradecí a Dios el haber sido herido, pero no muerto. Hay muchas cosas que deseo olvidar y otras que quiero recuperar.
Entré sin saber a dónde iba, por cuánto tiempo lo hacía, cuál era mi meta, mi función. Solo sabía que iba a ganar buen dinero, que me ayudaría para colaborar con mi familia.
Sin embargo, así pasaron 5 años, 8 meses y 7 días, para saber que volvía a vivir.. y que dejaba de ser, Stan 207 del ejército inglés, y nacía nuevamente, yo mismo.
EPÍLOGO.
Stan nació en Alepo, Siria, el 1º de octubre de 1925... y su historia continúa,...
... Después de la guerra volvió a su país, del cual tuvo que escaparse porque fue considerado desertor. Desde 1945 a 1948 que llegó a nuestro país, estuvo por Francia, y por Estados Unidos. Llegó al Uruguay donde se encontró de nuevo con su familia. Llegó sin saber el idioma, lo cual le trajo muchos problemas para empezar a trabajar. Trabajó toda su vida como mecánico de autos, siendo especialista en cajas de cambio de autos automáticos.
En el año 1973 se casó.
Por muchos años permaneció en el silencio con respecto a su pasado, y aún hoy, rara vez habla sobre esa juventud. Hay imágenes que permanecen en su inconsciente, que cuando las exterioriza le hieren y le hacen soñar, y tener pesadillas. Durante muchos años no durmió en paz, tuvo imágenes que alteraban hasta a su esposa, la cual, pacientemente, en varias oportunidades, lo despertaba de sus sueños y lo tranquilizaba. Por esa razón prefiere mantenerse en el anonimato.
No fue fácil comenzar una nueva vida, ya que cuando abandonó la guerra era de apenas 20 años. Durante mucho tiempo no escuchó, ni leyó sobre guerras, nunca supo que había peleado en la Segunda Guerra Mundial, hasta que comenzaron a imprimirse los primeros manuales.
Su vida cambió realmente, cuando abandonó el cigarrillo, y el alcohol, vicios que los había adquirido en los años de la guerra. Hace diez años comenzó a frecuentar una iglesia evangélica, donde él mismo dice haber encontrado la verdadera paz para su vida, ya que allí entendió que su fe no tenía sentido, si él no le entregaba su corazón a Dios y le pedía perdón por sus pecados de la juventud. A partir de entonces muchas cosas cambiaron en él.
Durante éstos años, ha intentado contactarse con amigos de él, de la guerra. Conserva fotos, trajes, y sacos de dormir. Algunos recuerdos, que guarda celosamente y que no los exhibe abiertamente. Ha encontrado a dos de sus amigos de guerra, ha sabido sobre otros que han muerto ya, y son esas cosas el único contacto que guarda con ese tiempo.
Actualmente nadie imagina que él fue una víctima mas, de la Segunda Guerra Mundial. Vive con su esposa (68 años), tiene dos hijos varones, habita en la ciudad de Montevideo, es muy querido entre sus vecinos, se ha jubilado, y tiene 77 años.






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Movimiento de Documentalistas - Argentina - 2002
   

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