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ERNESTOS de Angel Eugenio Perrone
Angel Eugenio Perrone. 45 años. Argentino, nacido en Cap. Fed el 13/7/57. Domicilio actual en Lanús Este, Pcia. de Bs. As. Docente (maestro, profesor de historia).
Aficionado a la escritura.
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ERNESTOS
"El matrimonio es el sepulcro de los revolucionarios", frase del Che que leo en Pinamar citada por el cura Casaldáliga en su "Espiritualidad de la liberación", mientras me tuesto mirando culos en la playa.
Mis tres hijos mayores, fruto de mi primer funeral, duermen. La menor -segundo funeral- duerme también, supongo, en Buenos Aires.
Casaldáliga menciona también (capítulo "Fieles en el día a día") la inmadurez sexual: "la debilidad en cosas tan humanas como la gula, la inmadurez sexual, el alcohol..." Propone establecer alguna coherencia "entre la opción fundamental de la persona, sus actitudes fundamentales y sus actos concretos". La militancia por alguna Causa superior a uno mismo -razona- reclama esa coherencia.
Pero ¿qué coherencia podremos alcanzar los que salimos de un sepulcro para enterrarnos en otro? Soy débil en cosas "tan humanas" como la gula de mis ojos o el goce que padezco ante una parrillada bien regada. Quiero culos, muslos firmes, tetas grandes. La playa es una pasarela generosa. Volveré bizco y gordo, repudiado por mis hijos al trabajo.
Más allá de los quebrantos de mi vida, como batallones de olas rompiendo incesantes en la orilla, pueblos enteros, organizaciones, iglesias, redes sociales, sin esperanzas ni ocurrencias de deseos de turista, están en marcha.
Hace décadas espero una gran ola justiciera y, montado y sumergido en ella, tomar parte en La Gran Limpieza.
Pero no -Casaldáliga dixit-, las olas son miles. Entre el horizonte de la utopía y las orillas del presente, el flujo y reflujo es incesante. La historia, el pueblo, es mar abierto y profundo.
Habrá que caminar entonces sobre las aguas, internarme en ellas, sumergirme como Juan bautizaba a sus discípulos, reclamar la presencia de los que amé hasta que se fueron, nutrir para mis hijos las fuerzas del espíritu con el aliento tierno de los combatientes viejos.
Y seguir sin detenerme, recomenzar como el oleaje al compás de los vientos y mareas que sacuden la superficie del pueblo, encontrar como Moreno y Alfonsina, sus corrientes profundas donde comulgan los sueños de tantos compañeros.
El pueblo existe. La historia vige. El mar espera. La espuma acaricia mis pies.
18/01/02
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El Nobel es un galardón problemático. ¿Cómo sino entender que hasta la fecha, no se haya otorgado el de literatura al Che, nuestro Verbo encarnado?
¿O solo se premia la palabra erudita y estéril, la que se reproduce bajo extremas condiciones de asepsia, sin referencia a otros hechos y derechos que los de autor?.
Las páginas más bellas de nuestra historia fueron escritas por combatientes con su mano útil atada al fusil. Compárese la carta de despedida del Che a Fidel, con cualquier página a elección de los nóbeles literarios. Luego, recién entonces, habilítese la discusión acerca de la esencia de la literatura.
Valúese su prosa seca ("Fidel, me recuerdo en esta hora de muchas cosas"), palabras eficaces yendo al grano ("trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos"), testimonio de lo que ha sido ("un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte, y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos... hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite") y de aquello que resta concluir ("el más sagrado de los deberes, luchar contra el imperialismo dondequiera que esté"), derrocando como a tiranías las creencias extintas ("no dejo a mis hijos y mi mujer nada material, y no me apena"), descubriendo en la circunstancia actual, la eternidad ("me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío... llegó la hora de separarnos"), sugiriendo un epitafio que habría deseado Neruda: "he vivido días magníficos".
El médico rosarino -como en el siglo anterior el abogado Belgrano y el periodista Martí- tomó las armas porque era pertinente. Y a tiros abrió picadas en la Sierra Maestra, en la cordillera de los Andes, en la real academia y en los organismos internacionales de crédito (cuya política denominaba "letrinocracia"). No hay thriller más eficaz en trama y suspenso, en la definición de la parábola del héroe hasta su martirio final -el que dio cuenta de la verdad de su propósito "hasta la victoria siempre".
No se encontrará Ulises, en la mitología o la literatura, más fecundo. Éste, llegado el tiempo cumplió las profecías ("Y al fin bajó hacia la guerra -perdón, quise decir a la Tierra", Silvio Rodríguez) y se hizo carne y habitó entre nosotros. "Fue uno de los nuestros -mintió Perón- quizá el mejor". No es superior Helena de Troya -ni comparable a Cuba liberada-, ni los dolores de su espera mayores que los de las calles de Santiago ensangrentada, ni su angustia comparable a la de la voz de Eva en el balcón, ni traición imaginada por autor que superara el olvido de su mandato: "hasta que no quede en la patria un solo ladrillo que no sea peronista"
Si todo gran literato reconoce ancestros y descendientes espirituales, el árbol genealógico del Che es más frondoso hacia cualquier punto del espacio tiempo que el de Dante Alighieri: "es una historia que tiene que ver con el pulso de la vía láctea... nació de una tormenta... buscando la vida o la muerte, eso nunca se sabe... quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable" (Rodríguez, Silvio).
Algunos suponen que la naturaleza áspera de su escritura se deriva de las condiciones en que desarrolló su oficio: "pedos, vómitos, diarrea... sin agua y con cagadera hiedo a mierda a una legua". Rodríguez parece afirmar que Che se obligaba a poner en palabras sólo aquello que vivía: "la última vez lo vi irse entre humo y metralla contento y desnudo, iba matando canallas con su cañón del futuro".
"Sombra terrible de Guevara, yo te invoco": "eres nuestra conciencia acribillada". Contigo sé que "lo más terrible se aprende enseguida" en cambio "lo hermoso nos cuesta la vida".
12/02/02
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"Sigan ustedes sabiendo que más pronto que tarde de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde marchen los hombres libres para construir una sociedad mejor" (Salvador Allende, martes 11 de septiembre de 1973, 9.20 de la mañana, Santiago de Chile).
Cómo cansan las Torres Gemelas invadiendo nuestras fechas. Y cómo come y bebe a cuenta de sus muertos la maquinaria mediático / terrorista de Bush. Cuánta fama y fortuna se ha llevado el fotógrafo de la secuencia del hombre cayendo de la torre. Y matutino dominical le permite decir para consumo de la familia "no fotografié su muerte sino parte de su vida", afirmación de magnitud filosófica tal, que generaciones futuras no dudarán señalar.
Y lamento la muerte de Walter Olmos, que podría haber sido vecino en la villa, alumno en la escuela. Pero me alegro de que haya ocurrido en fin de semana, desactualizando la tapa de la revista dominical del diario de la sección argentina de la la maquinaria terrorista / mediática de Bush.
Se fue Ernesto después de quince años en la villa. Es más joven que yo, y su paternidad de cura es la de un hermano. Es único en la villa, quiero decir: irremplazable. También entre los curas villeros, y en mi corazón ingrato que recién ahora se percata. Sánchez lloró al saberlo, quince años de amistad entre tipos tan distintos.
¿Qué enseñaremos los maestros del mundo a nuestros alumnos que viven la vida de Walter Olmos? ¿Les hablaremos de Sarmiento y de bocinazos por la seguridad que les negamos desde la cuna?, realidad que esta sociedad servimos en sus mesas cada día y prometemos mantener para sus hijos.
Escribo a Aldo: "ando con bronquitis y me dije: 'estoy al pedo, qué tal si le escribo a Aldo?', cosa que no me hubiera dicho de ninguna manera caso que hubiera habido mujer cerca. Quizás mañana me toque (bendito Dios que puso sexo a la ternura), así que no esperes otro mail pronto, mis dedos se demoran en la emoción". Pasados unos días, faltos de emoción y continencia, mis dedos secos se arrojan sobre el teclado, acarician mate y cigarrillos, añoran...
"Y el pueblo llene las calles vacías / con sus frescas y firmes dimensiones" (Pablo Neruda 1948, Chile / Víctor Heredia 1993, musicassette 63205PolyGram Argentina, prohibida su reproducción).
Visito a Marta. Me recibe con afecto incondicional y complacido como a hijo al que no reconoce defecto. Sobrelleva leucemia como quien se cura de resfrío. Durante media hora no para de darme ánimo. Habla de la comunión de los santos, dimensión en la que permanecemos unidos los que nos queremos, aunque no nos veamos por mucho tiempo -es el caso.
-¿Cuáles son los límites de la Parroquia?
Richardelli abrió una tenue ventana en el silencio y respondió con voz suave y lerda su pregunta de seminarista:
-¿Los límites de Madre del Pueblo?... el último de los pobres, el más lejano -Ernesto aprendió que no era una chicana del viejo, quien por entonces tenía 48 y ya se movía a velocidad de mito -dos por hora- y no deja de moverse caminando más que hablando, bendiciendo con poca voz, y ahora lo lanza a él, con desgarros de parto, a buscar al más lejano sin saltearse uno en el camino.
Recuerdo a viejo mapuche diciendo a sus noventa años que el hombre, como el árbol, mientras está vivo sigue creciendo. Recuerdo al cura Tello, que en los '70 daba retiros espirituales a los obispos con textos de Mao hasta que Monseñor Aramburu (escrachado por Hijos hace poco) lo sacó de circulación. En otro retiro, luego de la muerte del cura Mugica, nos decía: fui duro con ustedes, porque sé que los jóvenes son fuertes.
No quiero envejecer, padecer artrosis física y espiritual, falta de energías para emprender, de lucidez para persistir. Don Juan -el indio yaqui de "Las enseñanzas de Don Juan"- habla de la fatiga, obstáculo a superar en la madurez. Estoy en plena madurez (¡viejazo!, apunta el coro crítico de hijos y alumnos), luchando por llevar las canas con más dignidad que tintura.
Vivía -el cura Tello- de un lado a otro, cambiando bolsitas de su ano contra natura, dormía donde lo agarraba el sueño, diez, quince minutos y continuaba. Sigue creciendo como los árboles, produciendo para sus discípulos de la setentista aún vigente pastoral popular: la de San Cayetano, de la peregrinación a Luján, de la pastoral villera.
No me asusta una vejez como la de Tello, lúcida, consecuente, productiva; ésa no. Me asusta la actitud de esperar la jubilación, de -por momentos- sentarme a imaginar una muerte tranquila por temor a jugar al truco con ella, por la superstición de que toda ganancia produce pérdidas dolorosas, de que no tengo derecho ni chance de ganar (relatos de Abraham y Moisés arrancados de la jubilación para caminar el desierto en busca de la tierra prometida, de las estrellas del cielo y las arenas del mar).
-Es medio santo Richardelli ¿no?
-Ningún medio -Ernesto tomará vacaciones en Las Lajitas, Salta Oriental, Argentina, parroquia de Firulete, 42° a la sombra, pueblito que cabe quince veces en la villa. Cuenta a los vecinos de acá que se va para allá a hacerle gamba a Firulete que está solito, otro que rumbeó al ostracismo a purgar el amor con los pobres, el edipo de la Santa Madre y su opción diferencial por los pobres.
-No me voy a Tanzania, me voy a Salta.
Sánchez emite su queja de amigo:
-A nosotros siempre nos dejan -pérdidas que duelen y graban surcos en el alma. Richardelli rezará a la Virgen y al Gauchito Gil para que este hijo suyo no se desgracie y puteará ferozmente en la Bombonera cargando pilas para evolucionar a dos por hora o tres por los mismos pasillos del ministerio villero -misterios dolorosos y gozosos de Bajo Flores- que deja Ernesto.
-La revolución la vamos a hacer, no sé cómo, pero la vamos a hacer -recordamos a Dante, misionando en el Fogón de Veteranos, a la espera de que la revolución aquí en la tierra abra las puertas del cielo- ...cuando explote el quilombo ¿a quién vas a cuidar?, a los amigos. Y va a haber quilombo groso -le pregunto y me cuenta que el cura Tello falleció hace dos meses a los 84 años, productivo hasta el final, cuidado por amigos que lo hacían dormir, "como el grano de mostaza que es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece, muchos pájaros se cobijan a su sombra", miles de jóvenes a pie a Luján, miles de pobres entibian la pastoral de santuarios encendiendo velas como profecías: "he venido a traer el fuego y cómo espero que arda".
Juan, cocinero de la escuela, pone velas cada día a la virgen que nos trajo Ernesto para el comedor. Hace un mes me regaló un llavero del Gauchito Gil, aparecido en un árbol de Budge que resistió la topadora, cerca de su casa. Todos los 8, los vecinos festejan con baile. El Gauchito -como se dijo- protege al pobre para que no se desgracie y aconseja: elegir por amistad, sólo sobre esa base, la ideología, sabiduría más antigua que Aristóteles -"la ética culmina en la política"-.
-No se puede servir a Dios y al dinero... -Ernesto intenta con dolor explicar por qué se va- a mí no me van a agarrar en el medio -le duele sentirse sólo entre otros como él que andan en otra,
Le duelen a Sánchez las discordias pueriles, punteriles del Cuerpo Único de Delegados, por migajas de político en campaña, distraídos de la suerte de su amigo. El dolor se le hace bronca, y llega a pronunciar siete palabras consecutivas:
-Compañero en todas, cómo se dice... amigo.
Tortuga -cartonero-:
-Yo quisiera servir al dinero, la verdá me gustaría servirme, un poquito no más, pero no hay. Suerte que a Dios no se lo pueden llevar -sueño de chapa de reciclador urbano, esperanza madre de la dignidad, fe que mueve carros como montañas hacia "el pan nuestro de cada día", utopía situada en el horizonte.
El Cuerpo Único de Delegados de la Villa 1.11.14, se dividió en dos. Francisco, delegado de manzana, padre de dos alumnos de la escuela, cuando habla da medio paso atrás, adelanta la cara y los bigotes, bambolea los brazos, como Nicolino ante Kid Pambelé. Su panza abusa, su certeza de derribar obstáculos, admira. Compromete el apoyo de la radio para lo que haga falta. Ramón y Eduardo asienten. Sánchez de pie, mientras comemos el guiso del Día del Niño, suelta sus siete palabras.
El comedor de Sánchez, Monseñor Angelelli, centro geográfico del Bajo, acumula como sedimentos geológicos lustros de historia villera. Listado de desaparecidos no villeros en la pared sobre Camilo Torres, misa anual por ellos, recuerdos de cuando no había red de agua y tenían que hacer cola en la canilla pública, 40 años atrás, tarea de chicos que entretenían la espera jugando a la bolita. La dictadura barrió casi todo, "quedamos 35 familias y la parroquia". Después el repoblamiento y el olvido. Los nuevos construyen su presente, temen el futuro, olvidan propias historias.
Dante, hermano, Comandante, soñá esta noche con nosotros que extrañamos. No seremos víctimas de esta pena. Las distancias del tiempo que nos toca, estiran la red de la memoria hasta abarcar el mundo. Será mejor que antes cuando nos reunamos. Nuestros hijos crecerán fuertes y sabios como granos de mostaza. Y el fogón de veteranos, alumbrará relatos de victoria.
Con el desayuno Ernesto cuenta:
-¿Escuchaste el kilombo anoche? Se afanaron un cable, media Manzana Uno quedó sin luz. Los vecinos salieron, gritaban, fue fulano, fue mengano... el cable es de aluminio, se les va a derretir cuando lo quemen.
Al mediodía, el olor y el humo de la quema recuerda el episodio. La impunidad del ladrón -que lo hace quemar por pibes- espesa el ambiente. Hay aromas densos en el Bajo, humaredas que entristecen el sol como rostro de desaparecido sin nombre -sin Madres, ni Abuelas, ni Hijos... villeros desaparecidos-. Pastor, primo de Sánchez, hace el comentario:
-Acá hay inmigrantes del norte y de Bolivia hace cincuenta años. Muchos desaparecieron con la dictadura, pero nadie los recuerda porque eran pobres y no estaban registrados -en la pobreza y el olvido, siempre hay nuevos escalones hacia abajo.
Ernesto relata su agitación cuando el incendio de Bonorino, Barrio Rivadavia. Cuenta que Richardelli se tomó su tiempo y un día cayó con la virgen. Paró el ajetreo. Vecinos lo rodearon y agradecieron.
-Vamos a construirle su casa a la virgencita. Ella no va a permitir que sus hijos quedemos sin techo.
Fe primitiva de trueque y matriarcado: hay que dar para pedir. La Matriarca cumplió: en los siguientes 15 días llovieron donaciones de chapas y materiales.
Ernesto relata hitos de su Camino de Damasco, como fuera su descubrimiento de la institución del Componedor.
-¡Ahora se arreglan! -Don Solís, tío de Gabriela, egresada de la primera promoción, que grabara su memoria con liquid en cada pared de la escuela ("Gaby Rose"), después de pedir a Ernesto que frenara su impaciencia itálica, se para estático como el altiplano entre dos vecinos disgustados que ocupan media hora en decir las peores ofensas sin levantarse la mano. Cuando percibe que la fatiga compensa el deseo de vindicta, propone el acuerdo. Los vecinos se arreglan, se dan la mano satisfechos, vuelven al trabajo.
El gremio criollo de cartoneros ejercía por entonces una versión más colorida de componenda. Asamblea semanal. Cartonero acompañado por su mujer que increpa a cartonera:
-Vos te calentás la concha con mi marido.
-Yo levanto basura pero no levanto cualquier cosa.
Marido criollo quietito y sudoroso como chorizo a la parrilla, mira al cielo y ruega a Don Solís que resucite.
-¡Y qué carajo te importa de qué trabajo! -Ernesto hace enemistad con el motociclista de la Federal- no sabés manejar y me preguntás de qué trabajo? -que cruzó su camioneta persiguiendo remis villero.
La Estanciera del cura tocó la moto sin mayores daños, el cana creyó que podía cambiar de presa. Se topó con un tipo de aspecto raro que lo encaró dispuesto a golpearlo. Sintió temor de Dios. Reconoció su maniobra errónea.
Ernesto divide el mundo en dos: de un lado define enemigos con rapidez y eficiencia; del otro, amigos que lo bancan con temor y temblor, como cuando el apriete:
-Venimos a apretarte -despertó a las dos de la madrugada por la luz en la ventana. Salió.
-¿Vos sos el cura? Acercáte... ahí está bien -no entendía por qué Ubaldini no bancó la oficialización del gremio de cartoneros. Esa noche captó que la basura era negocio: producía guita y aprietes.
Camino de Damasco una rama volteó a Pablo del caballo y quedó ciego hasta que pudo atinar el rumbo. Cambió: de perseguidor de delincuentes contra la seguridad del Estado a amigo entre perseguidos y teórico de su ideología.
Cuando los apretantes se fueron, apareció el turno de esa noche que lo compadecía y velaba como a cornudo. Era el último en enterarse: los compañeros-villeros-cartoneros, sabían lo que iba a pasar y en reunión clandestina de Ernesto, dispusieron turnos para cuidarle el sueño. Calentaban el frío con tetra, así que la protección no era gran cosa, pero el gesto y sigilo de chusmas con que lo hacían, lo conmovió.
Serias disputas ideológicas, hitos históricos del gremio villero:
-El 88 no me gusta -hay que numerar los carros con el número del carné de inscripción del gremio legítimo e ilegal de cartoneros. Sapo reitera infatigable su certero argumento. Finalmente con acuerdo de nadie cambia fotos con el carné de otro y pinta el 64 en su carro.
Los carros de cada villa se identifican por color, bien que a la hora de pintarlos siempre aparecen creativos y librepensadores.
El carné, mágico y trucho, tiene doble propiedad: impedir que la cana decomise los carros y reírse de ella.
-¿Y cómo vamos a obligar al que no quiera? -inquietud queda apuntada para algún futuro. Nada impide a los asambleístas saborear con orgullo la dialéctica de la discusión que establece obligación de herrar caballos, con mención a los derechos del animal y las máximas de San Martín a su hija Merceditas.
El colmo de orgullo del progreso organizativo del Gremio fue la producción de bolsas de residuos con logo propio para rembolsar la basura de las bolsas que abrían. Así que el día del año del Señor de 1989 que un empleado de Grosso bajó a la Villa con discursos de justicia social para ayudar a los compañeros porque esto no es un trabajo, los compañeros lo rodearon, alisaron sus solapas y solicitaron:
-A ver, repetí por favor eso de que lo nuestro no es un trabajo -Ernesto creyente por entonces que el mandato evangélico de amor al prójimo se refería a todos los prójimos, salvó la vida del compañero de la justicia social de Grosso, hecho que a la vuelta de los años comprende pero no justifica.
-El Chueco -cura de la Oculta- quiere volver a organizar el gremio. Es capaz de conseguirlo.
Recuerda todavía cuando llegaron por recurso a la Cámara Federal. Tortuga, con prolijo pedo de Secretario General, sentado frente a los jueces escucha hablar en lenguas: ¿A cuánto asciende el monto de lo sustraído? (se da vuelta en busca de subtitulado) ¡No puede darse vuelta! (al castellano, responde) No me doy vuelta, miro para atrás.
El mismo Tortuga, compadecido de la cadena del perro del cura, le puso cartel: yo no soy cura, déjenme coger (hice copia del cartel de Tortuga). Fuma uno tras otro, peor que armados, porque el cartón ya no da.
-Hay diez carros por cuadra, y si el cartón baja más, va a haber veinte por cuadra... antes fumaba LM.
Comenta con Horacio y Monzón los precios del cirujeo (el perro, cadena y cartel en cuello, se llama Ciruja). La charla evoluciona regada de vino tinto, dulce y espeso, que los curas villeros pisaron en marzo. Ernesto llena un envase de gaseosa de 2 litros y 1/4 y me lo obsequia. Todavía me queda alguito y me he dado el gusto doble de cenar con él y mi compañera.
Pienso en Ernesto hablando de la revolución -primera vez en siete años que lo conozco. Ahora que se despide suena como la comunión de los santos de Marta. Otro Ernesto, Cardenal: "la revolución es la comunión con la especie". Este Ernesto, discípulo del Gauchito Gil: "¿a quién vas a cuidar cuando haya quilombo?, a los amigos".
Correremos a pedradas los patrulleros. El presente contiene el futuro, lo profetiza entre dolores de parto. Neruda: "Aquí está mi ternura para entonces. La conocéis. No tengo otra bandera".
Dirigentes sostienen con fe su derecho a dirigir, desgraciada coincidencia de intereses entre el poder territorial de las mafias locales y el extraterritorial de las mafias globalizadas, en mundo que trama pasar a degüello el 60 % de su población. Gieco, León: "es un monstruo grande y pisa fuerte / toda la pobre inocencia de la genteee".
La multiculturalidad multicolor del Bajo acumula nuevas capas de sedimentos, la presión los cohesiona:
-¡Le tengo una bronca a este boliviano!.
-Mucho no lo disimulás -Aldo educa sin querer, con maestría. Sus discípulos jugarán después juntos al fútbol, se imitarán amistosamente:
-Posho (pollo)... shuvia... shave... (boliviano exagera con los labios la mueca del sh y su cadencia concheta).
-Al año te pongo, ¿sí? -cuando empiece el quilombo, la necesidad los encontrará del mismo lado, como ahora. El ex minero de Oruro y el ex mecánico de La Matanza coincidirán en amistad antes de elaborar ideología.
La comunión de los santos se va poblando: amigos de abajo, veteranos de arriba, desaparecidos con nombre o indocumentados. El fogón crece, derrite piedras y glaciares en los Andes, pone fecha a la lluvia de fuego de cables de cobre y aluminio sobre Sodoma.
La Ciudad Desavisada condena mensajeros, llama a elecciones, sostiene su fe en el desorden natural de las cosas: estamos condenados al éxito, dicen los mafiosos.
Ernesto toma mate con Firulete en Las Lajitas. Extraña, medita, repasa... un camino de Damasco que se ha vuelto ostracismo. Ayuna preparando su comunión con la especie -"he venido a traer el fuego y cómo espero que arda"- el reencuentro de los amigos en la comunión de los santos.
Marta no da tregua a la leucemia.
Octubre 2002
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"Yo soooy el resentido / porque soooy la historia prohibidaaa" (Peche, Buenos Aires Negro).
"De las bellezas del mundo, corazón / quise tu pelo al viento / y el vino negro". Peche canta sobre las escaleras de grasa del Centro Cultural La Fábrica, con cigarrillo en la mano derecha y lata de cerveza en la izquierda. Carga un par muertes en su voz: "En Soldati nadie llega a anciano / no es como Belgrano / que no se puede caminar / de tanto viejo que hay"
Un escalón más abajo de la poesía callejera de Peche, no deja de sorprenderme la lírica de presidio de Los Pibes Chorros ("me diste un beso y casi me matás / de la baranda a leche que largás"). Raúl -ex cura en retiro efectivo por razones de celibato- comenta sobre la cumbia villera: "mujeres todas putas menos la madre, como en el tango".
La expresión más primitiva, menos careta, del machismo, contra toda apariencia -arriesgo hipótesis- expresa la impotencia del varón / el poder de la mujer, bajo la legalidad matriarcal de las villas y la forzada convivencia homosexual de las cárceles.
Conocí a Livrada hablándome de sus nietos, de las dolorosas circunstancias que les habían alejado primero la madre, después el padre. Un día viene a contar (y advertirme) cómo concluyó el noviazgo de la nieta a cachetazos. Un noviazgo serio con un buen compañero, que también recibió golpes de Livrada:
-¡Pero qué bestia, Livrada!
-Lo único que tenemos es la dignidad, señor -"señor" me coloca a un año luz, ya no sonríe. Sólo su altivez de manos nudosas, contra naturaleza y pobreza. Ha dejado claro que es capaz de pegarme si les facilito las cosas a los chicos. No podría hacerlo. Tienen tal temor que rehúyen cualquier alusión al tema.
Misterios del amor y del sexo, de ternura y lascivia, de celos y deseo... encarcelar, asegurar, poseer. Las mujeres, buscan el hijo que las hará matriarcas. "Y te mueves así / así, así, / con las manos arriba... con la colita para atrás" -mirada fascinada de inválido sobre curvas de hembra.
Muchos hombres exorcizan con alcohol y golpes su impotencia. La hembra atrae al macho, se destripan los sesos peleando la vida, quedan solos: he ahí el matriarcado de los pobres. Los carapálidas erramos al señalar como problema el alcohol y los golpes, son condimentos de un guiso cuya sustancia renegamos.
Poesía y voz de la popular de Excursionistas, Salieri de Piazzola, Peche canta a toda orquesta: "supe que no te gustaba, corazón, / verme llegar con flores / de madrugada...".
La villa, otro escenario: en un pasillo, borracho armado que te dice "corréte, no es con vos", mujer con inodoro al hombro bajo la lluvia, avisos a los vecinos por megáfonos de propaladora intercalados con fragmentos de la vida del Che, perros rosados que estiran su agonía procreando, chiquito en cuclillas mirándolos, alfabetizadora de metro cuarenta desinundando capilla para reunir sus alumnas, grupo de amazonas en escrache a golpeador, varón en misión espía fisgoneando hermana "puta" en busca de rincones con su novio quien -otro- día espiará a su propia hermana por mandato de matriarca... el carnaval, una tarde calurosa de febrero.
El grano de mostaza dolorosamente echa raíz, estira, se desarrolla en terreno adverso, atraviesa duelos. Visito alumno en Caseros. Tiempo después, sale. A los seis meses lo internan en el Piñero con bala en el pulmón; zafa. Un año después lo cruzo en el Piñero con su novia embarazada. Otro año después, ella trabaja en la escuela -Plan Jefas de Hogar-, él la lleva, la va a buscar, se hace cargo de la beba. Pocas parejas aprenden suficiente dignidad para vencer la invencible alianza de naturaleza y pobreza. La cumbia villera -igual que docentes y dirigentes- describe. Ni inventa los problemas ni creemos que tengan solución. Hace guita, la criticamos, no estamos por encima de ella.
Acerca del machismo, Raúl aporta: "desconfiá de los mataputos, algo les molesta". La cárcel fabrica paranoicos, cualquier cuchicheo cercano suena como "se lo rompieron", poderosa influencia sobre código masculino en población que lucha y no escapa de la endemia carcelaria. Homenaje de Peche: "Buenos días a las palomas escondidas / al que sueña / al que escapa / al que lucha..."
Escribo a Alejandro: "Tu carta contiene un desafío (si puedo entenderme con los chicos hablando de fútbol o de minas, ¿por qué no vamos a entendernos hablando de historia?). Está bueno. Las docentes de historia que tenemos, difícilmente harán este razonamiento. Son voluntariosas, buena gente y sin embargo, su proyecto no se sale del mandato sarmientino de civilizar a los bárbaros, por lo que omiten cuidadosamente toda referencia al fútbol y al sexo.
"Cada tanto, el sentido crítico de los chicos pugna por introducir la temática en el aula. Así podés escuchar "la concha de tu hermana", o leer grafitis en los pasillos ("Rocío puta del orto"), o en cartas anónimas que aluden a algún proceso de resolución de conflictos interétnicos "Clarita, sos una chupapija, a vos te cogen todos los paraguayos y tu concha es más grande que el ahujerito sin fin".
"Nuestras docentes apenas hablan su propia lengua por lo que no se animan a incursionar en tales expresiones y, como los conquistadores, siguen creyendo que los chicos no saben hablar, ni leer, ni pensar. No se les ocurre -a las docentes- suponer -en los chicos- algún vuelo poético o de crítica cultural. Te calibrarán el bulto -las docentes- y serán capaces de fantasear variados usos para sus propias lenguas -y para la tuya-, pero jamás harán referencia verbal al asunto, cosa que las acercaría más a los chicos que todos sus cursos de capacitación".
Escuela pública y lucha de clases: "Sr. Jefe de Gobierno: acerca de la desaparición del joven Ezequiel Demonty, arrojado al Riachuelo por agentes de la Comisaría 34.
"Éste es el accionar habitual de la Policía Federal en barrios carenciados: la persecusión y tortura de jóvenes para captarlos como informantes o mano de obra barata de sus negocios: tráfico de drogas y armas, y robo de automóviles, los más notorios. Los que se resisten a colaborar, terminan muertos. Los que colaboran, a la larga también. Las ejecuciones sumarias son cotidianas. Qué negocio se hace, cuál no se hace ni se deja hacer en este territorio, lo decide la Policía Federal, no el gobierno de la ciudad.
"Ezequiel Demonty es vecino del Barrio Illia, contiguo a esta Escuela Media. No es alumno nuestro, sí lo son su hermano y su primo. Anteayer, lunes, velamos a otro joven, exalumno de la 1ª promoción, ejecutado sumariamente por otro agente de la Policía Federal. Hoy participé, junto con docentes, alumnos y vecinos, de la marcha a la Comisaría 34 por la aparición con vida de Ezequiel.
"La marcha es una excepción a la norma de silencio y temor que rige la vida cotidiana del Bajo Flores. Vecinos y docentes intentamos hacer algo contra esa norma. Algunos directivos de escuelas medias, también, porque resulta intolerable la cantidad de víctimas entre nuestros alumnos, la impunidad que gozan sus ejecutores, la protección y apariencia de legalidad que les brinda su uniforme.
"Nos sería muy útil contar con un pronunciamiento claro de su parte".
Les damos folletos a los chicos donde se les explica qué hacer cuando los detienen. Folletos de la CORREPI, de organismos oficiales de Derechos Humanos, de la defensoría del pueblo. Los Programas crecen, el temor también.
La madre de Pato, preocupada. Policías de la patota dijeron que lo iban a bajar. Lo encuentran, lo esposan, lo preparan boca abajo en la vereda. Vita los ve, corre hacia ellos, grita: "¿qué hacen?, no lo maten, no lo maten". No lo matan, lo llevan preso. La madre de Pato se tranquiliza.
Quince días después, matan a Vita, le rompen la mandíbula, la nariz, el arco superciliar izquierdo, el derecho, a patadas, le disparan en la nuca, esposado, boca abajo, sobre la vereda. La comisaría 36 no toma la denuncia.
Dos horas después, tres patrulleros llevan tres chicos al Riachuelo, los golpean, los tiran, les dicen: "ahora naden". Ezequiel se ahoga. La Comisaría 34 no toma la denuncia.
La desaparición de Ezequiel se vuelve escándalo en los medios, los fiscales se mueven, buzos de prefectura comienzan a buscar, el Departamento interviene la Comisaría.
Esperanza de familia evangélica, gestos de perdón y no violencia, deseo de encontrarlo vivo, rumores alimentan la espera, marcha del barrio a la comisaría, otra más dos días después, pegatina de afiches con foto de Ezequiel, angustiosa espera a orillas del Riachuelo. El sábado aparece el cuerpo, en el agua, a dos kilómetros de los buzos. Pericia: fuerte golpe en la cabeza, plancton en los pulmones. Agente -nuevo en la comisaría- se quiebra, confiesa ante los fiscales. Jefe de Policía los acusa ante la prensa, no de asesinos, de "traidores".
Comienza a hablarse en la escuela. Ruth: cuando mataron a mi hermano, nadie hizo nada. Apenas hubo algo para hacer, Ruth dejó de hablar y se puso a hacer. Carteles, llevar el tema curso por curso, asamblea, voces duras, "ahora, el que no le interesa el tema, se va". La mayoría se queda. Voces menos duras, relatan, piden relatos, se propone y aprueba salir al barrio a casa de Ezequiel. En el camino, con bombos delante, pasamos también por la casa de Vita, de Otto, de Maxi, de Gisela que perdió su hermano. Paramos frente al Destacamento, vidrios blindados, agente que se encierra, consignas viejas junto a las nuevas dan cuenta de la continuidad del genocidio; son cantadas con bronca y alegría por sobrevivientes. Chicos golpean los vidrios blindados, los cubren con carteles, vuelven a escribir sobre los carteles: "Tuerto, vas a pagar". Todo el barrio presencia. Agente escondido telefonea. Llegan tres patrulleros, un carro de asalto. Round ganado por puntos: el miedo pasó por hoy del otro lado. Volvemos a la escuela.
Los padres de Maxi vuelven con la marcha hasta la escuela. Ana, la uruguaya, escucha a la mamá de Maxi: "Cuídense chicos, a Maxi no le dieron voz de alto, no le dieron oportunidad, le tiraron por la espalda, al corazón. Si ven que detienen a alguien y conocen a la familia, avisen". Ana dice después: "yo vi cuando lo mataron y conozco a la señora, no sabía que Maxi era el hijo". Al hijo de Ana le armaron causa por robo de ciclomotor. El damnificado dijo que él no era, pero igual sigue preso por causa armada por uno de los agentes presos por el escándalo de la muerte de Ezequiel. Después del escándalo fue convertido en traidor por sus superiores. Antes era un sacrificado servidor público, leal a La Institución, por eso murió Ezequiel.
La mamá de Ruth: "mi hijo murió junto con su compañero, tenía la escopeta al lado y perdigones que le entraron por la boca. Si hubiera matado al compañero y se hubiera suicidado después como dicen, tendría restos de pólvora en la mano y la escopeta encima, no acomodada al lado como apareció". Los relatos se acumulan con ligeras variantes: causa armada por homicidio a joven que puteó a policía, causa por homicidio de amigo a joven que vio cómo el policía que le armó la causa mataba a su amigo, pocos relatos de golpizas, tan naturales ya como el aire que se respira. Arreglos que terminan en encerronas ("yo le llevaba un arma no registrada y él me la cambiaba por una legal, cuando llegué ahí se guardó el arma y me metió presa"), encerronas que terminan en muerte ("tenía que llevar un coche robado de capital y se lo cambiaban por otro de provincia, pero cuando llegó lo fusilaron").
Pero son relatos -todavía- en privado, en la seguridad del recinto escolar. En público no aparecen nuevos relatos. Si no aparecen, el tema se olvidará, para alivio de muchos y mal de todos. ¿Por qué camino continuar?, ¿cómo hacer para que se sostenga, se profundice, para que sea una cuestión de dignidad?
Discusión entre docentes: "les metemos ideas en la cabeza a los chicos", "la policía les mete balas en la cabeza", "los que se quedan en las asambleas, la mayoría son de los cursos inferiores", "qué mal formamos a los más grandes que no se quedan", "discutamos qué perfil de escuela queremos", "el perfil de escuela me chupa un huevo"...
Ernesto, desinformado de la discusión, argumenta por mail desde su exilio en Salta: "Busco y rebusco no perder el paso en esta marcha forzada en la que nos metimos al elegir el bando en donde vamos a andar... Sintiendo que con fiereza, los pobres de nuestro pueblo (pero los concretos, no los de los manuales del PRT , PCR o el FMI... que se parecen tanto!!!) han apurado el paso y que es justamente por eso que se nos multiplican los muertos... No sé si en esta contamos con los que 'quieren hacer algo'... con los que 'no aguantan más...' No creo que sea ése el camino que nos lleve al encuentro de voluntades con los pobres de nuestro pueblo que 'ya están haciendo algo...' y que 'siguen aguantando más'".
Peche lo saluda: "Buenos días a los que ya no están / (muertos, vivos, desaparecidos) / sobre las calles grises de esta ciudad".
Noviembre 2002
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Una pareja migrante busca lugar para el parto. La mujer da a luz por la noche, el chico arropado hace su primer sueño sobre paja de establo, tibio de animales, bajo la melodía de las constelaciones (¿puedes oirla?).
Junto a la espera del padre, la potencia nutricia de la madre, la impaciencia del hijo: la diversidad del cosmos en una casilla, promesa de fecundidad en las estrellas, y abajo, los caminos del mundo, plagados de peligros y algunas oportunidades. Ocurre en muchos lugares: una pareja se transforma en familia, detiene su marcha, busca arraigo.
El nacimiento trae el recuerdo de los que no están: no traerán su regalo ni guardarán el recuerdo de los primeros llantos. En su lugar aparecen otros: desconocidos que hacen honor al acontecimiento, acercan ayuda y compañía, salvan el momento.
Nace un chico y, por tantos que quedan en el camino, la humanidad de los humanos festeja, brinda y baila y comparte el pan, se acompaña en el trabajo de la subsistencia, que se olvida por un momento; llamas que suman su calor y su luz y sostienen la esperanza de una vida mejor.
¿Dónde mueren como moscas? ¿En Tucumán, en Bajo Flores, en Palestina? Allí entonces se multiplican "como las estrellas del cielo y las arenas del mar" -promesa de Dios a Abraham. Y llegado el tiempo, empuñarán las piedras y consignas, las armas y banderas que sus padres tememos levantar o abandonamos en la huída. Sin dientes y analfabetos, darán batallas que nosotros evitamos. Practicarán la desobediencia debida a unos mayores que no podemos asegurarles alimento y futuro. No significa que vencerán, pero ensayarán gran variedad de muertes ante nuestros ojos, fascinados por el espectáculo. ¿Y diremos después "yo no sabía"?. Siempre es mejor luchar con los hijos que recordarlos.
¿Por qué no empezamos de nuevo? ¿Por qué no pensamos de nuevo?: ¿qué haremos con nuestras instituciones expulsoras -además de asegurarnos un sueldo-, con los corralitos reglamentarios que excusan nuestra impotencia, legitiman nuestra ignorancia y alimentan el filicidio?, ¿qué haremos con la transformación, ante nuestros ojos, de poblaciones enteras en subespecies?.
Algo hacen algunos, como en campamento de refugiados. Cruzan los alambrados virtuales de las instituciones, multiplican "los panes y los peces", los toman de donde están o los inventan, los ponen adonde faltan. Vecinos recolectores, promotores, cocineros de abolladas cacerolas, docentes en ejercicio ilegal imprescindible de la medicina, médicos como arquitectos productores de abono, motoqueros documentalistas filmando videoclips de ritmo vertiginoso con fondo de cumbia y humo de neumáticos. Consumidores de alimentos sin marca ni antibióticos, sembrados, cosechados y preparados en predios que declaran orgánicos y comunitarios. Anulación de viejos reglamentos por ignorancia de todo aquello que no sea necesidad sentida y compartida. Abandono del ocio consumista, de las viejas lealtades y la endogamia de clase.
Los que vienen, ¿encontrarán pesebre que los abrigue?. No será en un shopping, por cierto, con papás noeles a sueldo y traje de raso.
19 y 20 de Diciembre, Navidad, los Santos Inocentes, Año Nuevo: preñez de una patria utópica donde la política se concreta en el gesto cotidiano de abrir la puerta al vecino. Donde miles militan -"sal de la tierra, luz del mundo" (Jesucristo)- por dejar de matar a los que nacen, y se preparan a dar batalla para que todo gesto extraño a tal metáfora, sea declarado fuera de la ley.
"Es bello amar al mundo / con los ojos de los que no han nacido todavía. / Y espléndido / saberse ya victorioso / cuando todo en torno a uno / es aún tan frío y tan oscuro" (Otto René Castillo, centroamericano, setentista). Hacer algo para ver el mundo con los ojos de ellos, abandonar la vieja mirada indignada e impotente, la Obediencia Debida a reglamentos viejos.
Feliz Año Nuevo.-
Diciembre 2002
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